Skip to Content

CHUMA MONTEMAYOR 

MEXICAN ARTIST

About Chuma Montemayor

Chuma Montemayor trabaja con imágenes, objetos y archivo para entender una sola cosa: qué le pasa a la memoria después de un golpe. Empezó como fotógrafo, pero hace mucho que dejó de buscar la imagen nítida.  Lo suyo es lo contrario la foto fuera de foco, el recuerdo que se deshace en los bordes, esa sensación de mirar una fotografía vieja y no estar del todo seguro de si lo que recuerdas pasó así o lo fuiste rellenando con el tiempo. Sus piezas no se sienten como documentos; se sienten como recuerdos. 

Llegó al arte por las cosas que no entendía. Fue fotógrafo y periodista en El Norte, en Monterrey, y durante un tiempo creyó que la cámara servía para documentar el mundo y, de paso, cambiarlo. Con los años eso se le fue moviendo hacia adentro: la memoria, el miedo, la identidad. Cuenta que la muerte de su padre fue el primer quiebre, y que después del secuestro de su madre perdió por un tiempo la capacidad de enfocar literal, físicamente y descubrió que ese desenfoque también vivía en la memoria, como una neblina que no se le ha ido del todo. Desde entonces hace piezas para entender qué queda de uno después de ciertos golpes.



Casi todas sus piezas empiezan con algo pequeño: una frase anotada, una fotografía familiar, un objeto que carga historia. Trabaja mucho con archivo personal imprime imágenes antiguas en transparencias, las sobrepone, las ilumina, las saca de foco y las vuelve a fotografiar hasta que dejan de parecer un registro y empiezan a parecer un recuerdo. 


A veces el proceso es al revés y arranca de un objeto literal. No piensa tanto en disciplinas: fotografía, video, objeto y, cuando hace falta, instalación. Lo que sí protege, aunque le cueste, es no trabajar desde la urgencia de tener algo nuevo todo el tiempo. 


Dejó la comodidad de una galería grande cuando intentaron dictarle hacia dónde ir, y asume que algunas piezas tardan años en encontrar su forma y otras se mueren en el cuaderno. Es amante de la belleza, dice, pero mucho más de la verdad.

Lo interesante pasa después, cuando alguien vive con una de sus piezas. No son imágenes que se entiendan en la primera mirada. Uno conecta primero por lo visual y, tiempo después, la obra le empieza a devolver recuerdos y sensaciones que no esperaba encontrar ahí. En algún punto la pieza deja de hablar de él y empieza a hablar de quien la mira. Por eso conecta tanto con gente que siente nostalgia por algo familiar una casa, una foto vieja, alguien que ya no está, incluso por recuerdos que ya no puede reconstruir del todo. Si hay una emoción que busca provocar de entrada, es esa: nostalgia.


Hay una historia que Chuma cuenta cuando le preguntan por qué sigue en esto. Sus primeras exposiciones en Miami fueron alrededor de 2008, la economía no lo dejaba respirar y sus piezas todavía no pasaban de los mil dólares. Estaba a punto de dejarlo cuando apareció un coleccionista  de esos que solo compran obra de artistas vivos con los que pueden conversar, y que se interesan de verdad por cómo les va  que le dijo algo así como que él nunca compra obra de alguien que no crea que va a llegar muy alto, y que nunca se equivoca. Esa semana le depositó sin pedir nada a cambio, y al poco tiempo lo hizo otra vez. Él y su esposa, sin saberlo, le sostuvieron la carrera. Siguen siendo amigos y todavía lo colecciona.

Mientras prepara un cuerpo de trabajo más duro, sobre la salud mental y los espacios vacíos, las piezas que se curan aquí son, a propósito, el lado más luminoso de su obra: igual de hondas, pero con más nostalgia amable que peso, pensadas para acompañar un espacio, sacar una media sonrisa e invitar a una segunda mirada. Son esos formatos fotográficos fuera de foco que cada quien termina haciendo suyos, porque le recuerdan algo propio. 

Funcionan como originales, ediciones limitadas y fine-art prints, y también por encargo: le mandas una imagen que te importa y él la trabaja a su manera. Cada pieza viaja con su certificado de autenticidad, firma, sello y número de serie. Él lo resume mejor que nadie cuando habla de lo que busca: hay algo en su memoria, una mezcla de nostalgia de tiempos que no sabe si fueron mejores o no, pero que recuerda y mira constantemente, como quien asoma la cabeza por una puerta entreabierta.

 

Entrevista Chuma Montemayor