Alejandro
Varela
Artista
Acerca de Alejandro
Alejandro Varela pinta la figura humana y el paisaje como territorios emocionales, lugares donde el material, el tiempo y la fragilidad dejan una huella. Trabaja en madera y lienzo, en técnica mixta, y lo que le interesa no es la semejanza o describir un lugar, sino lo que un rostro o una atmósfera pueden contener cuando se les observa lentamente.
Antes de la pintura, existía la arquitectura. Varela se formó como arquitecto en la Universidad de Buenos Aires, y de esos años conservó algo que aún está presente en su obra: el peso del material, el equilibrio, la relación entre forma y espacio. Pero había algo más íntimo que la arquitectura no podía expresar, y la pintura se convirtió en el lugar donde pudo hacerlo. La decisión de hacerlo en serio no ocurrió de la noche a la mañana; fue un proceso gradual, hasta que la pintura dejó de ser algo que hacía como pasatiempo y se convirtió en la principal forma en que daba sentido al mundo. Los años en el estudio con Roberto Bosco y Alberto Ferrara consolidaron eso para siempre.
La forma en que trabaja tiene mucho que ver con el tiempo. Sus piezas tienden a comenzar a partir de una imagen que sigue resonando una pequeña expresión, una postura, una cierta luz y aunque comienza a partir de sus propios bocetos y fotografías, la pintura se aleja rápidamente de esa referencia. Más que ejecutar una idea fija, lo que hace es averiguar qué quiere aparecer. Por eso protege lo que él llama el tiempo interno de una pintura: no trabaja desde la ansiedad de producir, ni desde la lógica rápida del consumo visual de hoy en día. Algunas piezas necesitan meses de silencio antes de encontrar su forma. A lo largo de los años ha seguido despojando lo que no era necesario, avanzando hacia una pintura que es más esencial y más directa, especialmente en el retrato, que para él es un territorio emocional más que descriptivo.
Lo que pasa con su trabajo es que no se agota en la primera mirada. Estas no son imágenes construidas para un impacto instantáneo; funcionan más como presencias silenciosas que lentamente revelan cosas nuevas con el tiempo. Se aprecian mejor en espacios con luz natural y cierta calma, y conectan más con las personas que quieren vivir con una pieza, no solo colgarla. Varela dice que en una exposición, alguien se quedó frente a un retrato durante mucho tiempo sin decir nada, y luego regresó para decirle que la obra le recordaba a alguien que había perdido años antes. No era un parecido literal; era algo emocional, difícil de explicar. Para él, un momento así es prueba de que la pintura aún puede crear conexiones que son tan profundas.
Su trabajo ha viajado a través de galerías y ferias en Argentina, Italia, España, Estados Unidos y Perú, y hoy en día vive principalmente en colecciones privadas tanto en el país como en el extranjero. Pero más que la lista de exposiciones, lo que le importa a Varela es el camino sostenido de la obra y el vínculo que construye con quien la mantiene cerca. En este momento, está profundizando una serie de retratos y paisajes donde el material y la superficie adquieren cada vez más presencia.
Lo que lo mantiene despierto por la noche es cómo aferrarse a la honestidad y la profundidad en un momento en que la velocidad y la sobreexposición parecen contar más que el tiempo real que toma una obra. Así que cuando alguien se encuentra con su trabajo por primera vez, lo que pide es simple: que entiendan que hay una búsqueda profundamente humana detrás de cada pintura.