Fabian
Larosa
Artista
Acerca de Fabian
Fabián Larosa creció entre los paisajes del sur de Argentina, y eso terminó por moldear casi todo lo que vino después. Las montañas, el silencio, la pura experiencia física de estar frente a la naturaleza en San Martín de los Andes: ahí fue donde aprendió a mirar, mucho antes de aprender a pintar. Muy antes de pensar en exposiciones o en una carrera, ya tenía el hábito de observar, registrar y convertir lo que veía en imágenes.
Su pintura abarca la naturaleza, la conciencia, la política y la experiencia humana a través de un solo lienzo. No parte de una idea fija y luego la ejecuta; la obra crece a partir de caminatas, lecturas, recuerdos y conexiones medio intuitivas entre imágenes que, a primera vista, no tienen nada que ver entre sí. Fabián dice que deja que la pintura encuentre su propia lógica interna a medida que sucede, y que le importa que el proceso se mantenga vivo, que la obra aún pueda sorprenderlo mientras la está creando.
Él es en gran parte autodidacta. De niño desarrolló una relación intensa con el dibujo, y durante su adolescencia los libros de arte y el contacto directo con Patagonia se convirtieron en su verdadera escuela. Algo se quedó con él de esos años que aún protege: la libertad de seguir buscando. Intenta no pintar según las expectativas de nadie, ni repetir fórmulas que han funcionado antes, porque el trabajo necesita tiempo, riesgo y espacio para cambiar.
Mostró su trabajo por primera vez en 1992, en el Centro Amancay en San Martín de los Andes, y a partir de ahí fue abriéndose camino gradualmente en el circuito del arte contemporáneo argentino: el Museo Nacional de Bellas Artes en Neuquén, el Premio OSDE, el programa Argentina Pinta Bien en el Centro Cultural Recoleta. En 2009 se mudó a Buenos Aires y trabajó con galerías como Maman, Aldo de Sousa, Holz y Zurbáran. Hoy su obra se encuentra en colecciones privadas.
Lo que es interesante acerca de sus pinturas es lo que les sucede con el tiempo: no se desgastan rápidamente. Funcionan más como espacios para la contemplación, y dependiendo del día y de quién esté mirando, diferentes conexiones emocionales y simbólicas comienzan a surgir. Por eso, es mejor verlas en un lugar con un poco de calma, donde tengas tiempo para detenerte y quedarte un rato. Tienden a conectar más con personas que son sensibles a la naturaleza, a los procesos internos, a imágenes que aún guardan algo de misterio. La primera vez, lo que suelen dejar atrás es curiosidad y un poco de extrañeza.
No hace mucho, durante una residencia en Patagonia, volvió a entender algo que ya sabía pero que había dejado pasar: muchas veces, la pintura aparece precisamente cuando dejas de intentar controlarla por completo. Estar de nuevo frente a esos paisajes cambió la forma en que trabaja. Eso es lo que está haciendo ahora, pinturas donde el paisaje, los símbolos de la naturaleza y las tensiones sociales de hoy coexisten, buscando algo más libre y esencial. Para Fabián, la pintura aún puede ser un territorio de conciencia, misterio y transformación interior, y eso es lo que espera que alguien capte en el momento en que se encuentra con uno de sus lienzos.