ARTE
Roberta Lobeira vendió su primer cuadro a los once años. Su mamá tenía una florería en la casa, y cada vez que llegaba alguien a ver flores, Roberta se las arreglaba para que también se llevara un retrato: de sus hijos, de sus perros, de lo que fuera. No es una vocación que haya descubierto de grande. Creció pintando